ActualidadBlogDeporte

CB Gran Canaria: lupa para lo ajeno, gafas de sol para lo propio

By 26 de enero de 2026No Comments

Que lo público se sienta juez moral de los demás ya es un clásico: siempre hay quien señala al vecino por “despilfarrar”, por “vivir de las subvenciones”, por “vivir del cuento”. Pero cuando el cuento toca a los suyos, sorprende lo rápido que se cambia de guion, de fiscal… y de gafas.

Miren lo que pasa con el CB Gran Canaria, donde el Cabildo de Gran Canaria tiene el 51 % de las acciones: un club que, según su último balance, cierra el ejercicio con fondo de maniobra negativo y cifras rojas de escándalo —más de 750.000 € de desbalance, cobros retrasados, nóminas que pesan, patrocinadores que no pagan…—.

Y ahora, piden medio millón de euros al Cabildo: un rescate, una ayuda, apelando al “valor social del deporte”, a la “temporada que se juega”, a los “empleos que hay que mantener”.

¿Y saben qué es lo hipócrita? Que el público —esa gran audiencia moralista— aplaude, legitima, financia… Pero cuando una asociación social, cultural o deportiva modesta pide una subvención, salen con el cuento de “¿y tú por qué no generas ingresos?”, “subvenciones cero”, “antes controla tu contabilidad”.
Esa lupa no se ve cuando lo que se subvenciona es grande, mediático, glamuroso.

Es como si hubiera un código no escrito donde:

  • Las ayudas a un club grande son “compromiso cultural, social, de identidad”.
  • Las ayudas sociales, al ayuntamiento o a un colectivo pequeño, son “privilegio, clientelismo, despilfarro”.

Mientras tanto, los números reales —los negativos, la deuda, la incapacidad de autofinanciarse— se convierten en “imprevistos estructurales”, “temporadas de transición”, “dificultades coyunturales”.

Galardones hipócritas. Buena prensa. “Deporte base”, “cantera”, “familia”, “ilusión”, “orgullo insular”. Palabras bonitas. Muy bonitas. Tan bonitas como insuficientes cuando detrás hay una gestión que solo sabe pedir, gastar… y volver a pedir.

¿Qué pasa con la coherencia? ¿Con exigir lo mismo a todos?

Si lo público fiscaliza y audita a la vecina que organiza clases de baile, al club de barrio que pide ayudas para materiales, a la federación que organiza un torneo… ¿por qué no se exige lo mismo a un club con presupuesto millonario, ingresos privados, instalaciones públicas e historia?

Porque es fácil. Porque hay una ficción colectiva que hace invisible la deuda cuando la “marca” tiene escudo, nombre grande y aficionados.

Pero la cuenta llega. Y no la paga solo quien pidió el préstamo inicial: la pagamos todos.

Por eso, lo que hoy pide el CB Gran Canaria no es solo un rescate. Es un examen para quienes creemos que lo público debe ser igualitario. Un examen donde:

  • Si ayudas, ayudas bien, con transparencia.
  • Si financias, exiges responsabilidades, cuentas claras, equilibrio.
  • Si apoyas, no condicionas la solidaridad a la marca, sino al respeto común.

Moraleja: fiscaliza sin privilegios

No pido que se cancele la ayuda al Gran Canaria. Pido que se revise con la misma lupa: que se mire lo grande con el mismo rigor con que se mira lo pequeño. Que lo público no sea juez de bolsillo para lo ajeno y cómplice de lo propio.

Porque si lo que financia lo público es el orgullo, que al menos no se construya con deuda encubierta.
Que la autocrítica valga para todos: clubes grandes y pequeños.

Y si de verdad queremos apoyar el deporte, que lo que lo sostenga no sea solo una inyección puntual…
Sino un proyecto sostenible, honesto y transparente.

Fue, es y tiene que seguir siendo así.